Dune, solo el principio

Enfrentarse a Dune es como ponerse delante de un universo entero y tratar de acotarlo o entenderlo. Sobre todo cuando descubres que, después del primer libro y una o dos películas, solo has vislumbrado un trocito ínfimo del universo que Frank Herbert dio a conocer en 1965. Tras su trilogía inicial y un rotundo éxito escribió tres novelas más, desvelando un mundo en un futuro incomprensible en el que las fechas propuestas se nos hacen inalcanzables.

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Pero quizá los temas tratados no nos resulten tan desconocidos ni tan atemporales:

  • La figura mesiánica que los Fremen ven en Paul Atreides, extranjero al que esperan.
  • La desertización del territorio, la visión ecologista de los Fremen y el santuario que están creando, a partir de la generación de pequeñas plantas, como inversión para su supervivencia. Dicen que la falta de agua será la causa de la III guerra mundial.
  • La economía imperialista, basada en la melange, una especia omnipresente en Arrakis que algunos críticos han comparado con el petróleo.
  • La religión con su total influencia y presencia en lo económico y lo político, a través de las figuras de las Bene Gesserit y la Missionaria Protectiva.
  • La eugenesia, a través de la manipulación y la criba genética, para conseguir al tan ansiado Mesías. Recuerda a los experimentos de la Alemania nazi, ¿verdad?
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Lo veia en una de las estanterías de casa y me resistí a leerlo durante años. La ciencia ficción nunca me ha emocionado demasiado (nunca fui fan de Star Wars, lo siento). Pero reconozco que me ha enganchado y me ha sorprendido gratamente. Dejaré que pose en mi cerebro y mi mochila de lector y, quién sabe, quizá en un tiempo no tan lejano me anime a seguir con el resto de volúmenes. ¿Seré capaz de llegar hasta el final?

Pablo Rivero, una dulce y oscura sonrisa

Dulce sonrisa, la de su autor, y dulce también la de Lucas, un pequeño de aspecto angelical que hace las delicias de adultos y jóvenes en Internet. Búscalo en tus redes, lo encontrarás enseguida junto a Sweet Bunny y sus conocidas galletas en forma de zanahoria.

La llamada aterrorizada de una madre desata una investigación policial magistralmente llevada hasta límites insospechados. Nunca sabrás qué es lo que realmente ha pasado hasta la última página. Sospechosos, todos. No pierdas de vista a ninguno.

Te harás preguntas sobre el cuidado de los menores, la sobreexposición de estos en las redes sociales. ¿Hasta dónde puede llegar una madre para «proteger» a su hijo? ¿Has oído hablar de la dark web?

Pablo Rivero vuelve a sorprendernos al final de cada capítulo, donde nos espera otra vuelta de tuerca, hasta dar en el último momento del libro la estocada final que desbaratará todas tus pesquisas.

Novela negra en toda regla.

Billy Summers, una novela negra del maestro del terror

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Billy Summers es un asesino a sueldo y el mejor en lo suyo, pero tiene una norma: solo acepta un encargo si su objetivo es realmente mala persona.

Desde luego, la vida puede dar muchas vueltas y, si uno está dispuesto a retirarse del oficio más arriesgado, tendrá que aportar grandes dosis de inteligencia para lograrlo.

La realidad es más terrorífica que la ficción y la última tendencia de los contadores de historias a «santificar a los malos» —que lo son por las vicisitudes de su propia vida—, está muy presente en la última novela de Stephen King, maestro de maestros y rey del terror.

Miedo no pasas pero, si lo piensas un poco, la realidad cotidiana de un experimentado franco tirador, sus permanentes cálculos y un trabajo bien hecho… es más que terrorífico, por lo creíble y real.

Pero, como digo, los planes se desbaratan y llegar al objetivo esperado se convierte en una historia donde uno no está solo y donde lo más inesperado puede recorrer kilómetros insospechados de carretera y moteles. Al más puro estilo road movie americana.

Perdonad mi atrevimiento

Perdonad, porque cada vez que uno se topa con un texto hermoso e inspirador, es una osadía tratar de traducirlo.

Es entrar, o pretenderlo, en la mente de la poetisa o del poeta, del que tuvo el valor de expresarlo en un trozo de papel, seguramente en un olvidado y arrugado trozo de papel inservible que, por arte de lenguaje y no de magia, se convierte en el trozo de papel más valioso de la casa. Algo que conservar.

En un trozo de papel… digital… llegó hasta mí este pequeño poema en color sepia. En una lengua para la gran mayoría desconocido, pero que para mí es parte de un corazón migrante que tiene que lidiar cada día con dos de los idiomas más hablados. Otra vez, de nuevo, David contra Goliat.

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Un precioso mensaje en euskara, la lengua de mi tierra, que provoca esta propia y personal versión:

«Nunca

he conquistado un territorio.

No he descubierto la penicilina,

ni tampoco una fórmula matemática.

No he parado la peste,

no he hecho la guerra contra nadie.

No he firmado ningún tratado,

no merezco el premio Nobel.

Pero mientras cambio el pañal al niño sé…

que estoy escribiendo la Historia».

Si alguien conoce a la persona que supo dibujar esta preciosa idea en un trozo sepia de papel, hacédmelo saber.

Espías como Jyp son difíciles de encontrar

Una de espías en el más puro estilo de humor británico

Imponer un nombre de pila como Jefferson Youll a un joven al que ya se le ha endilgado un apellido como Patbottom (algo así como «patada en el culo») es una desventaja suficiente para cualquiera, pero su educación en una escuela de pueblo y su figura oronda hacen que su vida se vuelva muy complicada.

Después de conformarse con una sucesión de trabajos sin futuro, consigue refugiarse en un departamento de estadística del Gobierno que se dedica a los números, su peor pesadilla. No en vano aistió a la denostada Escuela Elemental de Watlington. Para escapar de la atención amorosa de su siempre atenta colega Patience, Jyp se esconde en otra oficina, donde es confundido con un experimentado asesino de espías y es reclutado por uno de los departamentos de seguridad de Gran Bretaña.

A trompicones y con un sinfín de malentendidos y situaciones bochornosas, se adentra en una lucha para desenmascarar a una serie de espías aparentemente de confianza en el corazón del Whitehall británico, en una batalla desesperada para ganar la mano de su verdadero amor.

MICHAEL N. WILTON (Londres 1929) ha trabajado en el sector de la banca y en la Royal Air Force, desarrollando puestos en comunicación corporativa y apoyando la industria del cine a través de un amplio espectro de temas, lo que ha facilitado conocer, a lo largo de su carrera, una infinidad de situaciones y personas. A partir de su jubilación, decidió dedicarse a lo que siempre había sido una pasión: la escritura creativa.

EL ESPÍA QUE NO SABÍA CONTAR es una historia cómica, en el más puro estilo británico, que pronto podréis disfrutar en castellano. Ingenio, romance, malentendidos, juegos de palabras en una historia de «espías» bastante peculiar.